miércoles 19 de agosto de 2009

martes 11 de agosto de 2009

De un tiempo a esta parte...

Eres la goma de borrar para la vida que escribo a lápiz y una de las pocas cosas que escribiría a tinta.

Eres el hueco resuelto.

Eres silencio con 3000 pares de voces, aun siendo el más ruidoso.

Eres la perfección de tus manos, pero me gusta que incluso así sólo lo sepas a ratos.

Eres mi causa perdida señalada con luces de neón.

Eres como un parking gratuito vacío en navidad.

Eres eternidad presente y, aunque me de miedo, futura.

Eres el que derrama vida en mis sentidos y no sólo la que te sobra.

Eres quien se vuelve en segundos causa, objetivo y medio.

Eres independencia compartida.

Eres los celos que no creí que existían.

Eres la mezcla explosiva de gominolas y chocolate.

Eres el que me despreocupa cuando no me veo porque tú me ves.

Eres tempestad, remolino, olas, y luego calma dinámica.

Eres ímpetu.

Eres vida.

30+19...

Su bufanda le protegía del frío hasta el hueco que había bajo sus labios. El gorro de colores que le regalé al comienzo del invierno pasado le llegaba casi hasta las cejas y le tapaba sus graciosas orejitas, tan coloradas por el frío de aquel país. Su pelo enmarañado le daba ese toque infantil tan fácil de encontrar en ella. Estábamos sentados en una mesa de un café, pero en vez de estar dentro, al resguardo del frío, Julia, mi chica esquimal, quería quedarse fuera escuchando al músico que estaba a unos cinco metros, acordeón en mano. Luego, estaba seguro, me pondría cara de pena para que le diera unas monedas. “La música es vida, y aquél que nos haga sentirla merece una recompensa.” Después, el sonido de monedas en la lata acompañaría a las notas del Este y la sonrisa de Julia sustituiría toda vida que aquél anciano pudiera regalar. Ahora, sus dedos rodeaban su chocolate caliente, sin intención de beberlo, sólo sintiendo cómo el calor traspasaba los hilos de sus ‘semiguantes’, como a ella le gustaba llamarlos. Los separaba de vez en cuando para que no le abrasaran.

-Pablo, me encanta esta ciudad. Es simplemente perfecta. En verano me vengo a trabajar aquí.

Me encantaba cuando se ponía a planear miles de viajes y actividades para el verano. Demasiadas para poder hacerlas, o simplemente poder elegir cuál hacer. Luego acababa haciendo una o dos de las que apuntaba en su libreta de “Cosas que hacer antes de morir”.

-En serio, es que esta ciudad tiene encanto. El frío sabes que no me gusta, pero creo que si pudiera navegar por estas calles todos los días no me importaría tener la nariz roja todo el tiempo.- Se frotó su pequeña nariz intentando que el frío desapareciera, pero sólo consiguió colorearla aún más.

Nos fuimos camino arriba, en busca del mirador que habíamos señalado en el mapa como ‘visita obligada’. Tras muchos escalones llegamos al sitio más alto de la ciudad. Esa subida había acabado con parte de mi ego al ver cómo el avance ágil y rápido de Julia me había dejado atrás. Ella se volvía para mirarme, con sus ojos (en ese momento grisáceos, como el cielo) llenos de picardía y su media sonrisa (gesto que, según ella, me había robado).

Me apoyé en la baranda. En el último trayecto había intentado adelantarla, pero fue un intento inútil, ya que en vez de devolverle a mi ego un poco de dignidad, lo dejé caer rodando escaleras abajo…

-Te estás haciendo viejo, Pablito- su sonrisa esta vez fue sonora. Sin embargo, al mirar a su alrededor su risa se cortó. La miré. Sus ojos se perdieron en el espectáculo visual que podíamos ver desde allí arriba. A pesar de haber estado observando sus ojos durante casi toda mi vida, aún no sabía de qué color eran. Podían ser todos los tonos de gris y azul que pudiera imaginar.

-¿Has visto esto? Es increíble.-Me miró con esos ojos de camaleón tan suyos, llenos de entusiasmo y felicidad. Luego su mirada regresó al frente- Es precioso. Creo que en este momento esto es lo que más me gusta de la Tierra entera.- Sonreí. Siempre me había gustado cómo era capaz de convertir pequeñas cosas en grandes eventos.- ¿Y a ti, qué es lo que más te gusta de la Tierra?- Me miró de nuevo, pero esa vez fui yo quién desvió la mirada y encaminé mis ojos hacia el cielo.

- Lo que más me gusta de la Tierra es el cielo.- y luego me volví a enfrascar en su mirada,

mi otro cielo...

miércoles 10 de diciembre de 2008

Cenicientos sin bus

Mueren las colillas en las paradas de autobuses,
abandonadas, inacabadas, lentamente,
tiradas sin tiempo para apagarlas u olvidar el roce de la última calada,
sin tiempo para borrarles el beso tirado, aquél que callaba,
quizás ahora imaginado sobre el asfalto.
Silencio tras las pisadas,
humo que se confunde con más humos,
no se sabe si peores, pero, al parecer, más intensos,
pero que al final sólo son eso,
aire negro,
y el asfalto,
mi cenicero.

sábado 18 de octubre de 2008

Un centímetro y medio de vida

Y estás ahí dentro, en tu burbuja, entre pulmones, huesos y un corazón, y fuera con diez corazones más. Y ahí estás dentro, aún sin respirar y con ella respirando por ti, con todos respirando por ti. Y ahí dentro estás, y ahora lo sabemos y parece que ya no sabemos nada más. Y dentro estás, ahí, tan cerca, tan pequeño, con sólo un centímetro y medio, concentrando todo el universo.


domingo 12 de octubre de 2008

Hacer clic

Jorge y yo encajábamos. Quizás no nos poníamos de acuerdo en qué cantidad de mantas hacían falta o echábamos a cara o cruz quién se levantaba a apagar la luz del pasillo que alguien (él o yo) se había dejado encendida. Al final siempre ganaba mi cara, aunque hubiéramos pactado que la cruz lo hacía. Con esos ojitos no puedo, se quejaba. Luego se levantaba y apagaba la luz del pasillo, pero no volvía directamente. Hacía una parada en la cocina y me traía lo que había sobrado del postre. Al final, cara o cruz, me tenía que levantar para lavarme los dientes. Más tarde apagábamos la luz y él disimuladamente empezaba a quitar esa manta de más que yo había negociado anteriormente. A mí no me importaba, no nos hacía falta.
Después del tercer postre él siempre preguntaba: ¿Cuándo te vas a venir conmigo? Ya sabes, vivir juntos. Y en ese momento la manta que había quitado con sigilo se convertía en el objeto más interesante del mundo. Despegaba de las sábanas hasta llegar al lugar en el que descansaba la manta en el suelo. Luego, Paloma, pequeña, ven aquí. Y yo iba, y él me abrazaba, y yo cerraba los ojos, y él ya no preguntaba. Por la mañana, él ya no estaba. En el cristal de la ventana una nota. ‘Buenos días, pequeña. ¿Me llamas cuando me leas?’ y lo llamaba, y él me daba los buenos días sonoramente, y yo sonreía, y él me decía que esa noche cenásemos fuera, y yo que vale, que me recogiese a las nueve, y él que de acuerdo, y yo que me tengo que ir a clase, y él que se tiene que ir a trabajar, y yo que no quiero colgar, y él que se ríe de mí, y yo que me enfado, y él que me manda un beso, y yo que me desenfado, y él que va a colgar, y yo que cuelgo. Luego cerraba la puerta de su casa y me aseguraba de que no se abría. Después corría escaleras abajo, huyendo, sin saber la razón.
Uno de esos días me encontré en la cerradura un juego de llaves. El llavero tenía forma de “P”. Algo descolocada cerré la puerta con una de las llaves y por primera vez estuve segura de que la puerta no se abriría. Olvidé al parecer el camino hacia las escaleras y me metí en el ascensor acompañada del tintineo de las llaves y con Jorge en mi cabeza. Mi independencia se reflejaba sola en el espejo y... se cerraron las puertas. Recordé por qué no me gustaban los ascensores. Pensé en Jorge (cuatro), en mis ganas de comerme el mundo (tres), en las llaves (dos), en mi autonomía (uno), en mi creciente dependencia (cero) y en Jorge de nuevo y… se abrieron las puertas.
Y entonces me di cuenta. Jorge y yo encajábamos, tan bien como mis nuevas llaves en la cerradura del portal aquella noche, cuando yo me empeñé en abrir por primera vez la puerta de nuestra casa.

sábado 4 de octubre de 2008

Atando cielos...



-¿Qué es lo que más te gusta de la Tierra?-
- El cielo.

domingo 28 de septiembre de 2008

Perder

Llueve,
y llovió ayer,
y las predicciones anuncian que lloverá mañana.
Muerde,
y mordió ayer,
y las heridas me dicen que morderá mañana.
Duele,
y dolió ayer,
y la experiencia grita que dolerá mañana.
Pero aprende,
mi corazón aprende,
aunque recuerde que antes
no necesitaba paraguas.

martes 12 de agosto de 2008

Autovida

Nací hace dieciocho años y cinco días. Hacía calor. Me esperaban. Yo buscaba la salida en esos días y aún lo sigo haciendo, a pesar de las señales que me ponen por delante. Pero es que si corro demasiado me encuentro un radar que me sanciona, y si bajo demasiado la velocidad me pitan para que ande más rápido. La velocidad recomendada en esos carteles no es la apropiada para mí, como tampoco las salidas indicadas en mi autovida. Mi profesor de autoescuela, el que me esperó, me da algunas pautas, casi todas sabias, útiles para conducir por el camino. Pero llega la hora de emprender el camino sola, sin pedales auxiliares que te respalden cuando meta la pata o los demás lo hagan. Tengo un coche reluciente, nuevo, sin estrenar, guardado en el garaje, pero tengo miedo de los arañazos que pueda hacerle y los que pueda causar. Esperaré un poco más. De momento me quedo en ámbar.

sábado 7 de junio de 2008

Yo no saber

El banco verde del pasillo de la tercera planta era perfecto para echar una siesta en el descanso. Mis manos hacían de almohada y veía mi zapatilla izquierda formato converse apoyada en mi rodilla derecha. Por el marco que estas hacían veía a lo lejos a Leo que intentaba llegar hasta mi banco salteando a los niños de la E.S.O. que se tiraban tizas y bolas de papel ardiendo unos a otros. Qué bestias pueden llegar a ser… Cuando llegó Leo, de mal humor, por supuesto, me preguntó:

-¿Algún día pararán?
- ¿Qué, quiénes?- Me miró con esa cara de ‘estoy amargada’ últimamente tan común en ella.
- ¡¿Ves?!- añádanle una cucharada de frustración…
- ¿El qué?
- ¡Para!
- ¿Que pare qué?
- ¡Eso!- Me apuntó con el dedo índice y tenía los ojos muy abiertos. Quién me mandó hacerme amiga de una excéntrica…
- ¿Me dices qué es lo que te pasa?
- ¿Tú también? ¡Preguntas, preguntas y más preguntas!
- ¿Cómo?
- Ufff.
-…- yo decidí no responder.
-… - ella se puso a jugar con la hebilla de su cinturón.
- Vale. Ahora es cuando me explicas qué te pasa.
-…- su tarea cambió a formar círculos sobre su vaquero con el mismo dedo que me había apuntado antes.
- ¡Leo!
- ¡No sé qué responder a las preguntas! ¿Qué es lo que te gusta? ¿Cómo te ves en el futuro? ¿Qué se te da bien? ¿Qué quieres hacer cuando seas mayor? ¿Qué carrera te llama la atención? Lo único que puedo responder es que me gusta todo y nada especialmente, que no me veo en el futuro porque creo que nos cargaremos el mundo antes de que sea mayor- ella no es trágica…- y por cierto, ¿cuándo sabré que soy mayor? ¿Pasa cuando me viene la primera factura de la luz? ¿Cuándo tienes hijos? ¿O es como dices tú? “Te haces mayor cuando los chicos más jóvenes que tú te parecen atractivos”- eso es verdad-. No sé qué voy a elegir, así que, ¿PODÉIS DEJARME EN PAZ?- Unos niños que pasaban por allí se asustaron y se alejaron.
- …-
-…-
-¿ Has terminado?
- Sí.
- ¿Nos vamos al parque?

miércoles 7 de mayo de 2008

Agujeros balados




En ese momento quise levantarme y correr tras mi vida...




lunes 5 de mayo de 2008

Pequebebé

Pequeña vida, ¿cómo con tan poca estatura provocas tanta ternura?

martes 22 de abril de 2008

Hoy tengo...

OoO ¡Estado de sorpresa en mi cabeza! OoO

martes 15 de abril de 2008

Si...

No te quiero, te quiero, me alejo, me acerco, te tengo, te perdí y me dejas aquí, contigo, sin ti.

domingo 13 de abril de 2008

Castigado en el cielo

video

miércoles 9 de abril de 2008

Leoaustriaca

- ¿Se puede saber qué haces?
- Nadgsa.

-¿Nada? Leo, estás tumbada bocabajo en un banco verde en medio del pasillo del instituto, con tu maraña de pelo cubriéndote la cara. Si no fuera por tus zapatos tan únicamente feos no te habría reconocido.
Leo se revuelve en el banco y levanta la cabeza indignada.
-Estos zapatos me los regalaste tú, ¿por qué lo hiciste si no te gustaban?
-Porque sabía que te gustarían los zapatos más feos que había visto… y olvídate de los zapatos, ¿qué problema existencial tienes ahora?
Leo vuelve la cara y sopla para que su pelo se le quite de la cara, sin apenas lograrlo.
-¡No sé qué hacer con mi vida!
-¡Qué novedad! Ahora dime que tus padres no te entienden y serás la típica adolescente.
-También tendría que tener un novio que jugara al rugby, y no saber qué me voy a poner para el baile de primavera.
-Eso es en América, estamos es España, ¿recuerdas?
-Claro, por eso estoy en este banco verde. ¿Sabes? Es el único que no ha cambiado desde que llegué aquí.
-Creo que te equivocas. De hecho lo pusieron el mes pasado porque estorbaba en la primera planta.
Leo se levanta como si el banco ardiese, y de pie, mirándolo, lo acusa de traidor.
-¿Pero qué problema tienes ahora?
-¡Que no sé que estudiar! ¡¿Por qué tengo dos semanas para elegir algo tan importante?! ¡¿y por qué depende de un examen?! ¡Quiero ser austriaca!
-¿Austriaca? ¿Y eso ahora a qué viene?
-Allí, como son poquitos, todos pueden estudiar lo que quieren y sin un examen que les marque la frente con un ‘apto’ o un ‘no apto’.
-Leo, estudiar te está sentando mal…
-Ya.- Se mira sus zapatos. Sus feos zapatos. Se da cuenta que se ha puesto dos calcetines diferentes. Uno rojo y otro verde. El semáforo. ¿Por qué no puedo quedarme en ámbar? Sólo un poquito más… - ¿Nos vamos al parque? Allí los bancos son amarillos.
-Son blancos…
-¡Bueno! ¡Vayamos a los malditos bancos blancos del parque!

miércoles 26 de marzo de 2008

SMS

Queridas hermanas:
¿Alguna de ustedes podría acompañarme esta tarde a comprarme mis zapatos de Cenicienta? ¡La malvada naturalastra humana ha hecho que mis pies crezcan para que con mis antiguos zapatos no pueda bailar! Si lo hacéis os prometo que mi súper rico príncipe azul os recompensará económicamente o regalándoos países (a elección vuestra queda). Además, yo os estaría fantásticamente agradecida...

viernes 14 de marzo de 2008

Vamos a contar

Uno, el corazón que dejaste.
Dos, sus partes.
Tres, la multitud en un mismo colchón.
Cuatro, las promesas mutiladas.
Cinco, los amigos (yo siempre soy la impar).
Seis, los meses que logré no llorar (cada día).
Siete, los abrazos a una almohada (uno por noche de la semana).
Ocho, multiplicado por 10.000 los minutos que esperé tras tu avión.
Nueve, tu calificación.
El diez lo guardo por si vuelves…

domingo 9 de marzo de 2008

Sácame del mundo


Te busco entre los cereales creyendo que aparecerás entre la leche. Te espero en los portales en las noches en las que me desespero buscándote entre la gente. Noches en vela con manos vacías que antes te contenían, sin tus caricias llenas de electrones… Tengo frío en mis pulmones que se encharcaron por las lágrimas respiradas. Lléname de nuevo. Acógeme en tu cielo y conviértelo en suelo para andar cayendo cada instante.

jueves 28 de febrero de 2008

...

Si el cambio climático hace que el invierno dure menos, ¿por qué me parece éste tan largo?